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“Yo siento”: el regreso de los niños a la naturaleza para conectar con la magia perceptual

El documental holandés “Yo Siento” explora la relación de dos niños con la naturaleza, su pureza perceptual y su capacidad de extraer información de las plantas y de los animales por métodos no ordinarios.
La naturaleza es el símbolo del espíritu”, decia Ralph Waldo Emerson, algo que parece recuperar e intentar volver a simbolizar Elsbeth Van Noppen en Yo siento, un documental corto sobre un par de niños que están en contacto con la naturaleza de la misma forma que están en contacto con su propia naturaleza (o espíritu). La belleza verde de la vida, con su canto silencioso, con su luz secreta, se comunica a aquellos que “tengan oídos para escuchar” y “ojos para ver”: es una hazaña de la percepción pero a la vez es simple y sencillo, como respirar, como sentir.
A Jasmine, una niña holandesa de 7 años, le encanta abrazar a los árboles y hablar con los animales. Al tocar a cada ser percibe su estado emocional y su energía vital, empatiza con los árboles que están muriendo y con los animales. Jasmine dice que puede ver colores acorde a las emociones de las personas (auras). 
Robert, de 10 años, solo se siente tranquilo en la naturaleza, trepando árboles e internándose en el bosque. Según relata, en ocasiones puede presentir lo que va suceder. Al igual que Jasmine, puede empatizar con los animales y comunicarse con ellos.
Asegura la directora que el documental Ik voel, ik voel, wat jij niet voelt (Yo siento, yo siento, no lo que tú sientes) trata “sobre los niños que experimentan su entorno de forma distinta a la mayoría de nosotros.  Viajan en contra de la corriente de la sociedad y se atreven a aver el mundo con una visión pura una y otra vez”.
 Dejando de lado que consideremos o no que las percepciones de estos niños son exactas o parte de su fértil imaginación  —Jasmine, por ejemplo, dice que puede ver ángeles pero que las hadas no existen—, lo más interesante del documental  es que explora la naturaleza de la percepción y cómo esta se encuentra ligada a nuestro ser más íntimo. Por eso la naturaleza es una buena metáfora de la percepción, si entendemos nuestra naturaleza como nuestro ser puro, desnudo y sin programas ajenos. Lo que estos niños y el documental parecen decir es que la magia de sentir la vida y todas sus vibrantes manifestaciones de manera directa es parte innata de nuestro ser, una comunión que se va perdiendo en la medida en que perdemos contacto con nuestros propios sentimientos  o dejamos de expresarlos por miedo a ser rechazados.  De esta forma  alejarnos de la naturaleza —en las ciudades, en lo que consumimos y en general en nuestra visión de mundo— significa alejarnos de lo que sentimos o de la capacidad de sentir. Y sentir, con toda su diversidad, parece ser, más allá de toda metafísica, lo que hemos venido a hacer a este planeta.
PIJAMA SURF, 09/10/2011

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