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Lo que no debemos hacer cuando el bebé empieza a hablar

Existen muchos modos de ayudar a que el niño comience a hablar, todo un hito en la evolución de los pequeños, que empiezan con sus balbuceos muy pronto. Pero, ¿qué es lo que no debemos hacer para estimular el lenguaje del niño?
Cuando los niños empiezan a hablar, no debemos anticiparnos a lo que van a decirnos, y hay que darles tiempo para responder. Si constantemente le cortamos las palabras o las acabamos por él, pensará que su propio lenguaje no es importante, y además se “acomodará” a que hable por él.
Es lógico, si ya saben lo que quiero antes de que hable, no es necesario el esfuerzo. El niño tiene que esforzarse en hablar, hemos de animarle a que diga sus palabras (y más tarde frases) y no darle lo que pida antes de tiempo (muchas de las primeras interacciones son para pedir algo).
El niño entenderá que no es necesario hacer ningún esfuerzo, pero será frustrante para él más adelante cuando vaya a la escuela infantil o se quede con otros familiares… porque solo le entienden mamá y papá.
El uso de diminutivos o palabras inventadas es algo controvertido. Si bien son un “pre lenguaje” muy extendido, es posible que retrase la aparición de algunas palabras. Si aprenden a decir “pupo” o “eta”, no se esforzarán en decir “chupete”, “galleta”… No obstante, hay que recordar que las primeras palabras del bebé son de este tipo, ya que el propio nivel de desarrollo del niño le impide hablar con palabras más complejas. Y también tenemos que estimular estas primeras comunicaciones.
No debemos enfadarnos o malhumorarnos si el niño no pronuncia bien algún sonido o no sabe decir alguna palabra, porque esto produce el efecto contrario de lo que deseamos, el niño puede retraerse y dejar de interesarse por intentar ese pequeño “reto”.
La comunicación con el bebé ha de ser bidireccional, es decir, no carguemos al niño de vídeos o discos para que “le estimulen” ya que lo que mejor le incitará a hablar son nuestras palabras. Desde muy pequeños estableceremos “protoconversaciones” con ellos, cantando, preguntando, hablando… Y él nos responderá con su mirada, sus risas, sus gorgoteos…
Cuando ya empiezan a hablar, podemos intentar hacerles preguntas abiertas, más que preguntas cerradas con respuesta “sí” o “no”, ya que de este modo favorecemos la ampliación de vocabulario.

Cada niño, a su ritmo

No hemos de preocuparnos sí el niño tarda en hablar, ya que si no existe ningún problema fisiológico, todos acaban hablando tarde o temprano. Cada niño es un mundo, y podremos escuchar sus primeras palabras a los 10 meses o a los 20. Hemos de ser pacientes y comprensivos, no marcarnos metas imposibles porque no tiene sentido intentar acelerar el ritmo natural de desarrollo del pequeño.
Algunos signos de alerta que podrían indicarnos que existe algún problema en el desarrollo lingüístico antes del año son: que el bebé no balbucee o vocalice, que no comprenda órdenes sencillas ni señale objetos a los 12 meses de edad, que no fije la mirada en la cara de los que le hablan ni busque el origen de un sonido…
Otro punto importante es que hay que evitar compararlo con sus hermanos u otros niños, especialmente cuando ya son algo mayorcitos, aunque no hablen o apenas lo hagan lo entienden todo. Y por algo dicen que las comparaciones son odiosas: a nadie nos gusta que nos comparen con otros (y menos si es para destacar que somos “inferiores” en algo).
En esta línea, hay que evitar poner en ridículo al niño, reírse si pronuncia mal o hacerle repetir continuamente las palabras nuevas que ha aprendido para “deleite” del público (aunque es difícil no enseñarles a los demás todo lo que han aprendido, ¿verdad?).
Para acabar, recordemos que es importante enseñar a comunicarse al bebé antes de poder hablar, desde que son muy pequeños, para facilitar su crecimiento feliz y el contacto con las palabras desde el principio, y poco a poco el niño irá rodeándose de sus propias palabras.
La comunicación es la base de nuestra sociedad, pero también de nuestra familia, y podemos ayudar a que nuestro hijo se inicie en este complejo y valioso “arte” desde muy pronto. No hemos de obsesionarnos con los resultados, simplemente procurar un entorno estimulante y favorecedor de sus primeras palabras.
BEBE Y MÁS, 23/05/2013

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