Ir al contenido principal

«Hay demasiados niños que creen que el trabajo es lo más importante para sus padres»

CARLOTA FOMINAYA

No hay verdad más grande que trabajar es bueno, muy bueno. Con el trabajo ayudamos a desarrollar nuestros propios talentos, a vivir de ellos, y a ponernos al servicio de los demás. Pero desde las páginas de su último libro, «Tú también puedes ser Einstein», el pedagogo y escritor Fernando Alberca hace una advertencia que puede llamar mucho la atención hoy en día: Trabajar en exceso impide vivir. «Es verdad que el trabajo es un derecho del ser humano, un vehículo de felicidad y medio de realización personal. Y por eso mismo tanto su defecto y su exceso generan importantes conflictos. La cuestión es que en la actualidad a menudo se convierte en una obsesión, o en una vía de escape más frecuente y perniciosa de lo que imaginamos. Hay que trabajar lo justo, entender el trabajo como un medio para ser feliz y no como el peor enemigo y obstáculo de nuestra felicidad», asegura este docente.
No obstante, prosigue, hay quienes se esclavizan solos. «Esto es lo peor, aunque es muy frecuente. El abuso del trabajo aniquila nuestra esperanza de mejorar como persona, padre, o madre. Es el caso de quienes abandonan a su familia, lo que dicen ser lo más preciado que tienen, para regalarle horas a la empresa más allá de lo establecido y solicitado. Excusándose en la pertenencia a una institución impersonal que no lo valora ni lo protege: lo usa simplemente y se deshace de él en cuanto pueda convenirle, sin reparar en lo que el trabajador dio más allá de lo que era exigible. Es muy triste, pero hay niños que aprenden desde muy chiquitines que el trabajo es más importante para sus padres que ellos mismos».
Esas personas tampoco pueden mejorar en su papel de trabajadores porque cada día, prosigue Alberca, «se trabaja con más dependencia». «El trabajo no tiene límite. Podríamos entregarle nuestra vida entera y diez vidas más que tuviéramos y nunca lo terminaríamos del todo. Siempre podría hacerse algo más», advierte este asesor familiar.
Para Alberca, el exceso de trabajo, por obsesión o como excusa para escapar de otras responsabilidades, es una trampa de nuestros días que hay que evitar. Para ello, buena pista quizá resulten estas cinco actuaciones que este maestro aporta a continuación: 

1) Reorientar el trabajo constantemente a un fin noble, más notable que el producto del propio trabajo.

2) Supeditar el trabajo a la dignidad humana de todos los que intervienen en él. Poniendo siempre a la persona por encima por encima del producto. 

3) «Saber en todo momento, reunión y decisión que el fin nunca justifica los medios. Creerlo es una trampa que conlleva siempre una estela de injusticia tan larga como la vida en la empresa», apunta Alberca. 

4)Limitar el trabajo en forma, esfuerzo y tiempo. Uno suele ser esclavo de cómo desarrollar su vida profesional, reconoce este escritor, «y no se puede decidir siempre un horario o con quien trabajar, pero lo que sí puede elegir donde tiene la cabeza y el corazón cuando está trabajando»

4) Y por último, grabar en nuestra mente o en la mesa de despacho que el trabajo ha de ser útil para el desarrollo feliz del hombre, y no el hombre útil al trabajo. Lo importante, concluye Alberca, «es encontrar esos trucos, esas formas, esa llamada por teléfono en un momento dado, ese cambio de rutina… lo que sea que le permita a cada persona colocar el trabajo en su sitio. Siempre hay gestos que parecen pequeños para demostrar a los demás que el trabajo es solo un medio. Es más, existen un montón de posibilidades para demostrar a los demás nuestro amor. De hecho, hay mucha más opción de la que parece. Solo con llegar puntuales a casa, no retrasándonos al salir del trabajo, ya estamos diciendo mucho...». 
ABC Lunes 13 de junio de 2016

Comentarios

Entradas populares de este blog

«Los buenos modales no están de moda, pero es imprescindible recuperarlos»

FERNANDO CONDE Hoy en día es frecuente enterarte por los medios de noticias relacionadas con la falta de respeto, el maltrato, el acoso, etc. Podemos observar muchas veces la ausencia de un trato adecuado a los ancianos, la agresividad incontrolable de algunos hinchas de fútbol; la poca estima a la diversidad de opiniones; la destrucción del medio ambiente; el destrozo del mobiliario urbano y un largo etcétera que conviene no seguir enumerando para no caer en el pesimismo que no conduce a nada y el problema seguirá ahí. Un problema que podríamos resumir en que se ha ido perdiendo el valor de la dignidad humana en general. Los modos para alcanzar la felicidad, siempre deseada, se apartan de las reglas y normas de conducta más elementales de convivencia colectiva que han acumulado las culturas y los pueblos a través de los siglos. La idea de que «la dignidad empieza por las formas» que resume este artículo es una afirmación bastante cierta, porque la forma, no pocas veces arrastr...

El tabú de estar desnudo en casa delante de los hijos

NATALIA LÓPEZ PEVIDA El encuadre no recogía más que algunos juguetes y dos caras, las de un padre y su  hijo  disfrutando de un buen baño, pero las críticas no se hicieron esperar cuando el bloguero y activista LGTBI Perez Hilton subió la fotografía a Instagram (imagen del artículo). El  selfie  solo podía ser el fruto de un " pervertido " o un " degenerado ", según algunas de las reacciones de quienes expresaron su horror ante la posibilidad de que el niño pudiese ver el cuerpo desnudo de su padre. Días después, Hilton zanjaba el tema declarando que se había duchado con el bañador puesto. ¿Por qué tuvo que justificarse? La desnudez paterna da lecciones que no todos entienden Mostrarse desnudo ante los hijos es un asunto delicado que cada familia gestiona a su manera, pero el choque entre las distintas perspectivas revela un oscuro tabú.  Hay un punto de vista que enfoca la exhibición del cuerpo humano como algo indigno , probablemente una herencia d...

Encontrada la conexión entre el cerebro y el intestino que está detrás de la adicción a la grasa

  DANIEL MEDIAVILLA El azúcar y las grasas son dos ingredientes que casi siempre están presentes en las comidas adictivas. Las bebidas carbonatadas, los zumos, las golosinas o las chocolatinas están cargadas de azúcar. Muchas patatas fritas, los bollos con crema o buena parte del menú en los restaurantes de comida rápida se ayudan de nuestro apetito por la grasa para hacer atractivos sus productos. El gusto de esos alimentos es importante, pero según un nuevo estudio, que acaba de publicar  la revista  Nature ,  también existe un sistema de señalización que comunica el intestino con el cerebro que explica el impulso detrás de uno de los  principales problemas  de salud de la humanidad: la obesidad. “ Estos resultados dan forma a la idea de que existen dos entradas sensoriales al cerebro: una codifica lo que nos gusta y otra lo que queremos. Esas dos entradas funcionan juntas. Primero, con la lengua, reconoces lo que te gusta, pero después el estómago te...