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Cómo elegir planes navideños para hacer con los hijos

S.F.
Sin duda la Navidad son las vacaciones para los niños por excelencia. La gran variedad de propuestas culturales, la decoración, los comercios… nos invitan a salir a la calle con una infinidad de planes pensados, en mayor o menor medida, para disfrutar de unas felices fiestas con los niños. Para la orientadora de Infantil y Primaria del colegio Antamira, María García-Loygorri, estas serían unas pautas a seguir durante estos largos días de asueto:

Es un buen momento para planificar visitas a museosteatros y otras actividades en familia que no frecuentamos de forma tan asidua como nos gustaría.
Los niños deben disfrutar de planes alternativos, pero no todo vale. No tratemos de colmarles de planes, debe haber una coherencia en las actividades propuestas.
En ocasiones, los padres nos encontramos con esa gran cantidad de tiempo que añoramos el resto del año para compartir con nuestros hijos y en el afán de querer dar tiempo de calidad damos respuesta más a su autoexigencia en lugar de a las necesidades de nuestros hijos. Estamos ante una generación en la que nos exigimos ser Superpadres, una generación donde el tiempo es un valor apreciado, y sin embargo tendemos a llenar ese poco tiempo que tenemos sin pararnos a reflexionar.
Las ofertas educativas que proponen las escuelas tienen una gran calidad. A lo largo del curso los alumnos ya no solo aprenden materias, sino que desarrollan competencias, se especializan en un deporte, desarrollan su inteligencia emocional y habilidades sociales e incluso aprenden técnicas para hablar en público. Tienen un currículo muy completo. Por eso, en estas vacaciones no debemos perder el sentido común. Buscar actividades relacionadas con los contenidos que están aprendiendo les ayuda a valorar la importancia del estudio y ver el significado más allá de los muros de su clase.

Fomentar la creatividad

Propuestas que desarrollen la creatividad siempre son bienvenidas. La inmediatez que están respirando no les da el tiempo para aburrirse, algo fundamental si queremos que se conozcan a ellos mismos, imaginen, busquen alternativas o resuelvan. ¿ Y no es esto importante? Yo suelo recalcar en reuniones con padres que es igual de importante hacerse la cama que tener una clase de paddel. Si queremos prepararles para que sepan fluir en el futuro deben ser igual de competentes que de autónomos.
Aprovechar para irradiar en ellos hobbies o gustos familiares. Los talentos también se aprenden, se viven. Es muy sano compartir actividades en familia, hacer un deporte juntos, o disfrutar de la música o la fotografía… No siempre los niños deben sentirse el centro de la casa. Ver a los padres motivados y disfrutando es una gran lección, pues no olvidemos que aprenden en una gran medida de lo que ven más de lo que les contamos. Lo que llamamos «predicar con el ejemplo». Ante un mismo hobbie cada miembro puede aportar algo diferente, pero siempre hay cabida para distintos niveles. Esa sensación de logro, de aportar algo único es un gran alimento para su autoestima.
Regalarles planes es una buena alternativa. Un sobre con unas entradas o con una ubicación, fecha y hora, permanecerá más presente en su recuerdo que un juguete más, pues son experiencias asociadas a emociones y les ayudará a valorar la actividad. Puede ser además un hilo conductor para unir a la familia que no vemos con asiduidad y compartir con ellos un día organizado para convertir estas fechas en unas felices fiestas.

Experimentar el aburrimiento

Pero cuidado con educar niños insaciables, detrás de un niño que no deja de pedir hay un adulto que no sabe lo que es suficiente. Esta generación de niños no sabe lo que es esperar, pues no ha necesitado desarrollar la paciencia. Tienen mil estímulos, más de los que necesitan como, por ejemplo, un canal 24 horas destinado a su entretenimiento.
No han vivido el proceso de echar la carta a un buzón, ellos no han tenido que esperar para recibir noticias. Por eso, la mayoría no saben aburrirse. Pero por muchos cambios sociales que hayan ocurrido entre ambas generaciones, los niños son siempre niños y experimentarán momentos muy interesantes nacidos del aburrimiento.
Estamos ante la llamada «Educación de la infinitud» y esta corriente puede ser interesante mientras no robe tiempo a momentos tan sencillos como el de escuchar a los hijos sin prisa, mirando a los ojos y descubriendo como crecen y se van definiendo como personas.
Los planes «de siempre» como los ratos de juego simbólico en casa imaginando ser bomberos, tenderos, profesores, peluqueras …les preparan para la vida. Aprenden a desenvolverse en situaciones rutinarias son estrategias naturales del niño que debemos respetar, compartir y estimular. Y no quiero olvidarme de los juegos de mesa o construcción que les enseñan a respetar las reglas, aprenden a esperar su turno, coloca al mismo nivel a todos los participantes independientemente de su edad o condición, a contar, imaginar, o hacer jugadas estrategas…por algo no pasan de moda.
ABC, Jueves 22 de diciembre de 2016

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