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La leyenda del padre novato

LUIS NUÑEZ-VILLAVEIRÁN
¿Empiezo por el principio? Por el "Estoy embarazada". O voy deslavazando y lo que vaya saliendo. ¿Tiro de cursilerías y tópicos como que "ser padre es el mejor trabajo del mundo"... y chorradas similares? O mejor escribo lo que verdaderamente pasa por la cabeza de este padre con una pequeña de año y medio con ganas de retar su autoridad una y otra vez... Vamos mezclando mejor, ¿no? Y lo que vaya saliendo.
Pero sí que es verdad que el momento en el que el 'Predictor' sale con las dos rayas rojas hay que admitir que es tan emocionante como acongojante. Eso es tópico pero real. También lo es que en el primer embarazo te conviertes, diría que con gusto, en un esclavo del peor de los dictadores:una futura madre que pide (ordena) constante e insistentemente las cosas (caprichos inverosímiles) con una sonrisa (amenazante) y no admite errores. Temes que pase de la risa al llanto por tu incompetencia con los grilletes así que vives en un estado de tensión constante. Con el cuchillo entre los dientes dispuesto a cualquier misión por suicida que sea: desde salir a comprar fresas al chino en pijama a las 23.55 horas un 2 de febrero hasta prometer montar los muebles de la habitación del futuro vástago en una tarde, sin ayuda y con un destornillador pasado de rosca.
En esos momentos, sólo los padres que tienen perro pueden obtener un mínimo consuelo cuando las necesidades higiénicas del animal permiten a uno abandonar de manera justificada el "trabajo más bonito del mundo"Porque un padre no empieza con el nacimiento de la prole, empieza cuando la persona a la que has tenido la suerte o la desgracia de dejar preñada dice que lo eres. Eso es así.
Aunque, volviendo al tema del perro. Toda arma tiene doble filo y si tu perro es un poco sucio y tu parienta algo tiquismiquis... date por jodido. "¿Tu perro o tu hija? ¿Qué prefieres?" preguntas que escucharás en multitud de ocasiones y, en todas, tienes menos de un microsegundo para contestar. Si no lo consigues porque, ejemplo tonto, estás pensando en qué cadena echan la final de la Copa del Rey de fútbol... date por jodido. Despídete de tu armario porque "la niña tendrá que tener mucho espacio". Nunca preguntes por qué no cedéis sitio los dos si no quieres bronca o mirada entre bizca y asesina que viene a recordarte lo gilipollas que eres.
Y tampoco cuestiones las numerosas y cuantiosas compras de productos para el bebé, imaginas que para superar un hipotético holocausto zombi, porque: "Qué más da si vale para más adelante (gilipollas)".
"Sólo son nueve meses", piensas en un alarde de psicólogo amateur. Nueve meses donde tu vida se empieza a complicar poco a poco (salvo por lo de que tienes chófer gratis para todas las cenas que tu pareja tenga a bien compartir contigo antes de que los tobillos no le permitan ni embragar). Donde la llegada del futuro ser convierte a la pareja en un volcán de emociones no todas buenas. Entonces, si superas todo ese periodo convulso, llega el nacimiento. Y comienza lo difícil.
EL MUNDO, Miércoles 8 de febrero de 2017

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