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Los seis (pseudo-)consejos de padres que más me exasperan

CELIA P.
Auteure du blog Bébé est arrivé

Como madre, suelo recibir consejos poco acertados sobre la educación de mi hija. Si bien es cierto que la mayoría me resbalan, también hay reflexiones o recomendaciones que tienen el don de erizarme el vello. De estas, tengo ganas necesidad de hablaros para desahogarme. Para mí, estos consejos están en el top:

1. – La niña dormirá mejor esta noche si no se echa la siesta durante el día.
"Oh, no pasa nada si no se echa la siesta, así dormirá mejor esta noche". Cuando esta declaración filosófica emana de una persona que no tiene hijos, la entiendo (al fin y al cabo, puede parecer lógica). En cambio, cuando viene de un padre, roza la herejía. O su experiencia con niños queda lejos, pero muy lejos (tipo amnesia), o es una tontería pura y dura. Porque no es necesario ser experto en puericultura para saber que cuanto más duerme un niño durante el día, mejor dormirá por la noche.
2. – Hay que dejarla llorar en su cama, acabará durmiéndose.
Esta frase me pone enferma imaginándome a los pobres niños a los que sus padres dejan así. Porque los hay. Este "método de adormecimiento" está en las antípodas de mi concepción del sueño. Por mi parte, la fase de adormecimiento es sagrada. De ahí la importancia de abordarla con ciertos rituales.
Desde su nacimiento, siempre he querido presentarle el sueño a mi hija con entusiasmo y placer. Ya de bebé, la acostaba diciéndole lo genial que era el sueño y lo bien que estaría en su cama con sus peluches. Hoy en día, le repito la importancia de dormir bien para estar en forma al día siguiente para jugar con sus compañeros y aprender cosas nuevas.
Atención, no me malinterpretéis, eso no quiere decir que mi renacuaja se duerma inmediatamente o que nunca se haya quejado de irse a la cama. Eso no es así, pero cuando le cuesta dormirse o se despierta llorando, voy a verla. Y ahí tengo muchos trucos para ayudarla. Le acaricio el pelo, le pongo la mano en el pecho, le ofrezco agua, le doy las tetinas que ya ha tirado fuera de su cama (su especialidad desde los 8 meses), etcétera. Si con eso no basta, la cojo en brazos y la consuelo después de devolverla a la cama. Puede que tenga que repetir el ritual, pero lo que no haré nunca es dejarla llorar a pleno pulmón más de 10 minutos. Estoy convencida de que la sensación de abandono se le metería en la cabeza (y en el corazón) y acabaría asociando el sueño a un momento desagradable.
3. – Tú también deberías morderla para que entienda que eso no se hace.
Ahí es cuando me da un síncope. ¿Pegar a un niño para que entienda que no se pega? ¿En serio? Lo mismo que si apuntas con un fusil a un chico para decirle que deje de hacer la guerra. NO, no consiste en "hacer lo mismo" para que un niño sepa distinguir entre el bien y el mal. Por otro lado, hasta que un niño no empiece a hablar, morder y dar golpes son los únicos medios de expresión. No es consciente de que hace daño.
Estos ataques corporales son situaciones a las que los profesionales de la infancia deben enfrentarse cada día. Lo he observado varias veces en la guardería, y esta es la forma en la que el personal reacciona:
  • Separar al niño mordedor del niño mordido
  • Cuidar al niño mordido (existen cremas mágicas 😉 )
  • Explicar al niño mordedor que no hay que morder, que al compañero o compañero le duele y que no está bien.
Es sencillo, no maltratas a nadie y, sobre todo, es de sentido común. Y, por si hiciera falta recordarlo, este período de "mordida" es normal y pasajero.
4. – Decirle a mi hija: "No eres buena".
Cuando alguien dirige esta reflexión a mi hija, se lleva una réplica por mi parte. Y, evidentemente, seca. Mi respuesta es la siguiente: "No es mi hija la que no es buena, sino su acción". Es un matiz. La elección de las palabras es esencial a esa edad. No darle importancia me parece perjudicial para su desarrollo y para la estima que puede tener de sí misma. Así que trato de tener cuidado con el tema.
5. – No tengas más hijos, con uno ya es bastante difícil.
Cada uno tiene sus propios deseos a la hora de constituir su familia. Aunque esta cuestión es de las más personales, de las más íntimas, de las que sólo atañen a la pareja, hay gente a la que no le importa emitir una opinión al respecto, e incluso "dictar tu vida". Como suele pasar, la gente habla y da su opinión basándose en su propia experiencia. Lo que a menudo olvidan es que se trata de SU historia, no de la tuya. Así que me dan ganas de decir: "Apáñatelas con tu pasado y tu presente, pero no te metas en mi futuro".
6. – Entonces, ¿para cuándo el segundo?
De nuevo, se vuelve a hablar de niños, pero obviamente esta sutil cuestión no sale de la boca de los que me hicieron el comentario anterior. Y, sin embargo, mi reflexión es la misma. "Gracias por no meterme presión con tus argumentos. Tranquilos, aunque mis neuronas sufran una pérdida de velocidad, siguen funcionando. Papá y yo sabemos lo que queremos".
Este es el repaso a los comentarios inoportunos que mis oídos habrían preferido no escuchar.
¿Os suena? ¿Tenéis alguna historia que contar?
HUFFINGTON POST, Jueves 3 de agosto de 2017

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