HÉCTOR G. BARNÉS Cuando era pequeño, los adultos solían hacerme una pregunta que les sonará a todos aquellos que no tienen hermanos. ¿No te sientes solo? ¿No te aburres? ¿No te gustaría tener un hermanito? Aunque la pregunta iba dirigida a mí, sé que en realidad los destinatarios eran mis padres, a los que se les reprochaba haber tenido únicamente un hijo. Eso que, según los prejuicios de la tonta sabiduría popular, daba lugar a seres egoístas, mimados y caprichosos . Yo siempre respondía que no. Y me preguntaba por qué nadie le preguntaba a mis amigos con hermanos si no habrían deseado que estos no hubiesen nacido . Al fin y al cabo, ellos tenían más problemas (discusiones, envidias, rencillas) que yo. Imagino que 30 años más tarde, la situación será muy diferente. No tanto por la desaparición del tópico como por el hecho de que nos estemos convirtiendo en un país de hijos únicos y la excepción es norma. La natalidad de los españoles se encuentra en alre...
“Menos productos de lujo y más Hacendado, menos móviles y más tiempo en familia, menos juegos de consola y más bicicleta, menos recompensas materiales y más muestras de cariño, menos televisión y más paseos en la montaña observando la naturaleza, menos ruido y más silencio. Aprendiendo que lo bueno y lo valioso lleva su tiempo y esfuerzo” Catherine L`Ecuyer