LAURA PERAÍTA « Me dijiste que te quedaban 5 minutos y llevas más de 15. ¡Quieres dejar ya el móvil! ». «Con que era la última partida... ¿Cuántas veces tengo que decirte que apagues la videoconsola? ¡La cena está helada!». «Estás absorbido por la pantalla. Pero, ¿me estás escuchando?» . .. Quizá alguna de estas escenas le resulte familiar si tiene hijos pequeños o adolescentes. Queramos o no, en la mayoría de los hogares las tecnologías se han hecho un hueco importante y, parece, que para quedarse. La relación de las familias con estos dispositivos es paradójica. Por un lado, facilitan la gestión doméstica y la comunicación cuando se está lejos. Según el 66% de los padres, las pantallas permiten hacer la compra online, solicitar una cita médica, reservar vacaciones, realizar pagos que, de otra manera, estas gestiones restarían tiempo de estar juntos en familia. Al menos así se desprende del estudio «El impacto de las pantallas en la vida familiar» , realizado por...
“Menos productos de lujo y más Hacendado, menos móviles y más tiempo en familia, menos juegos de consola y más bicicleta, menos recompensas materiales y más muestras de cariño, menos televisión y más paseos en la montaña observando la naturaleza, menos ruido y más silencio. Aprendiendo que lo bueno y lo valioso lleva su tiempo y esfuerzo” Catherine L`Ecuyer