Ir al contenido principal

Qué hacer cuando un hijo dice "te odio"

SILVIA TAULÉS
No siempre es fácil lidiar con un niño. A veces hay enfados, algún grito, alguna amenaza... Si el pequeño se siente acorralado o las cosas suceden como no estaba previsto, puede enfurruñarse. Hasta tal punto, que puede llegar a buscar las palabras más desagradables para dañar a sus padres. Las palabras más desagradables dentro del vocabulario que el niño conoce, claro. Decir "ya no te quiero" o "te odio", suele ser el recurso más fácil. Y el más común.
Becky Bailey (aquí un vídeo demostrativo de sus técnicas ) es una psicóloga infantil estadounidense especializada en enfrentarse al enfado de los hijos. Bailey explica los motivos por los que un niño puede llegar a dañar tanto: "Están aprendiendo a vivir con sus emociones, no las controlan y no las conocen. En un momento pueden estar contentos y riendo de emoción y al segundo siguiente ponerse a llorar desesperados por algo que les ha molestado. En esas turbulencias difíciles de controlar, aparece la decepción, algo que ellos no entienden, y terminan culpando a sus padres de lo que sienten".
Sal Severe, autor de 'How to behave so your children will, too!' lo simplifica todo: "Tu hijo quiere que sepas que está enfadadísimo y esa es la única manera que tiene de hacértelo saber".
La primera vez que un padre oye ese "te odio" puede sentir un fuerte dolor en el pecho, ganas de llorar o incluso ganas de mandar a su hijo bien lejos. ¡Alto! ¿Qué hay que hacer cuando tu hijo te dice que te odia? Veamos algunas propuestas de los expertos en psicopedagogía.
  1. Enseñar a sentir. Lo primero que hay que hacer con los niños, digan lo que digan, es hacerles entender lo que les sucede. Largas parrafadas dando consejos, explicaciones concretas y sencillas sobre los sentimientos... Estamos hablando de niños pequeños, niños que no saben lo que les ocurre y que necesitan a sus padres para enfrentarse a sí mismos. Pon nombre a sus emociones.
  2. Dale opciones. Si un niño se ha enfadado porque no le dejas tener algo que desea con toda su fuerza, puedes intentar ofrecerle una alternativa. "Como no puedes jugar con la muñeca podríamos coger un libro y leerlo juntos", "las galletas son para después de la cena, puedes comer otra cosa dulce, como un plátano o una manzana".
  3. Comprende su enfado. Los niños necesitan expresar su enfado y lo hacen con sus armas. Intenta entender lo que le sucede y ponte en su lugar. ¿Qué dirías si tus instrumentos lingüísticos fueran limitados y estuvieras muy muy enfadado?
  4. No lo tomes en serio. Puede sonar doloroso pero no debes creer a tu hijo cuando te dice que te odia. Se expresa con las palabras que ha escuchado antes y seguramente en algún momento habrás dicho que odias esperar el autobús o que odias el queso o que odias que te digan tal cosa. Los niños absorben y actúan después. Lo que está claro es que en ningún momento sienten eso que dicen. No te odian, ni te han dejado de querer.
  5. No respondas. Nunca. Si entras en el juego de su provocación el pequeño habrá logrado lo que deseaba (lo que siempre desea): tener tu atención. Intenta no hacerle caso, no entrar en una discusión con él y mostrarte clamado en todo momento. Cuando arrecie la tormenta ya podréis hablar.
  6. Dile que le quieres y pídele que se disculpe. Es fundamental, en todo caso, que entienda que no es correcto lo que ha hecho y que te ha dañado. Una vez se haya calmado, explícale cómo le quieres, el porqué de lo que has decidido y le ha provocado, y dile que debe pedir perdón por haberte ofendido. 
EL MUNDO, Miércoles 11 de febrero de 2015
 
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

«Los buenos modales no están de moda, pero es imprescindible recuperarlos»

FERNANDO CONDE Hoy en día es frecuente enterarte por los medios de noticias relacionadas con la falta de respeto, el maltrato, el acoso, etc. Podemos observar muchas veces la ausencia de un trato adecuado a los ancianos, la agresividad incontrolable de algunos hinchas de fútbol; la poca estima a la diversidad de opiniones; la destrucción del medio ambiente; el destrozo del mobiliario urbano y un largo etcétera que conviene no seguir enumerando para no caer en el pesimismo que no conduce a nada y el problema seguirá ahí. Un problema que podríamos resumir en que se ha ido perdiendo el valor de la dignidad humana en general. Los modos para alcanzar la felicidad, siempre deseada, se apartan de las reglas y normas de conducta más elementales de convivencia colectiva que han acumulado las culturas y los pueblos a través de los siglos. La idea de que «la dignidad empieza por las formas» que resume este artículo es una afirmación bastante cierta, porque la forma, no pocas veces arrastr...

El tabú de estar desnudo en casa delante de los hijos

NATALIA LÓPEZ PEVIDA El encuadre no recogía más que algunos juguetes y dos caras, las de un padre y su  hijo  disfrutando de un buen baño, pero las críticas no se hicieron esperar cuando el bloguero y activista LGTBI Perez Hilton subió la fotografía a Instagram (imagen del artículo). El  selfie  solo podía ser el fruto de un " pervertido " o un " degenerado ", según algunas de las reacciones de quienes expresaron su horror ante la posibilidad de que el niño pudiese ver el cuerpo desnudo de su padre. Días después, Hilton zanjaba el tema declarando que se había duchado con el bañador puesto. ¿Por qué tuvo que justificarse? La desnudez paterna da lecciones que no todos entienden Mostrarse desnudo ante los hijos es un asunto delicado que cada familia gestiona a su manera, pero el choque entre las distintas perspectivas revela un oscuro tabú.  Hay un punto de vista que enfoca la exhibición del cuerpo humano como algo indigno , probablemente una herencia d...

¿Qué hay detrás de las mentiras de un niño?

ISABEL SERRANO ROSA Los niños no son mentirosos, pero mienten . Lo hacen cuando tienen algo que decir o que aprender. Hasta los cuatro años, con sus historietas sorprendentes, quieren narrarnos su mundo de fantasía. Somos la pantalla en la que proyectar su película. Entre los cuatro y los siete años construyen su mini manual de moralidad con ideas muy sencillas sobre lo que está bien y mal, basado en sus experiencias "permitido o no permitido " en casa y en el colegio. Con su gran imaginación, las mentiras son globos sonda para saber hasta dónde pueden llegar. Entre los ocho y los 12 años la realidad se abre camino y la fantasía se vuelve más interesada.  El pequeño pillo de nueve años desea ser bueno, pero se le escapan las trolas por el deseo de gustar a los demás, ocultar alguna debilidad o evitar castigos. En general, mienten a sus crédulos coetáneos o, por el contrario, les escupen a la cara alguno de sus descubrimientos del trabajo de campo que significa crecer....