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Tu hijo de cinco años está más estresado que tú

BERTA G. DE VEGA
Un niño de cinco años nervioso por un examen. Padres que creen que ese día su hijo puede empezar a jugarse el futuro, el camino que le llevará a una universidad de élite, a un buen trabajo. Colegios que exigen fluidez leyendo y nociones de cálculo como barrera de entrada a educación primaria. O casi leer The Wall Street Journal, como parodiaba en una escena la novela Los Diarios de Nanny, cuando contaba la entrevista para que el niño tuviera plaza en el colegio que habían elegido sus padres.
Ése es el panorama de muchas familias de EEUU y de Reino Unido, donde hay guarderías que casi son como academias preparatorias de ingreso. Ahora un estudio ha puesto cifras a las anécdotas para concluir que, en EEUU, el aprendizaje precoz es casi norma.
En los últimos 20 años, la mayoría de padres espera que los niños entren al colegio sabiendo leer y escribir. Todo para que tampoco se perciba una clara mejoría en comprensión lectora y matemáticas más adelante, como demuestra el informe PISA. Pero vivimos en un mundo en el que nos venden que escuchar a Mozart durante el embarazo hará que nuestros niños sean más listos. Y tercero de infantil, parece, es ya primero de primaria.

PRIMER INTENTO
«Fomentar una primera aproximación a la lectura y a la escritura, así como garantizar experiencias de iniciación temprana en habilidades numéricas básicas, en las tecnologías de la información y la comunicación y en la expresión visual y musical».
Bienvenidos al lenguaje del Boletín Oficial del Estado. A eso se tiene que dedicar la educación infantil, según el Ministerio de Educación. Pero, ¿fomentar? ¿qué significa? ¿Aproximarse es leer y escribir? En España el debate también existe desde hace unos años.
Tania Alonso, pedagoga, Master de Filosofía de la Educación en University College en Londres, lo explica: «Es más fácil vender a los padres, sobre todo en los colegios privados, que sus hijos van a aprender a leer y a escribir antes de primaria. Pero eso es acortar la infancia del niño. Además, ya hay estudios que confirman que se puede perjudicar más adelante la comprensión lectora porque juntar letras no significa que entiendan lo que lean».
La presión del mercado hace que muchas guarderías vendan sus «métodos» como únicos. Jugar, a secas, es sólo una línea en un folleto que hay que llenar de palabras relacionadas con el neuroaprendizaje.
Juanan Fernández es profesor de primaria en Maristas en Málaga desde hace 17 años y lo que tiene muy observado es que los niños de ahora sí tienen más problemas de psicomotricidad, hasta el punto de que han abierto un aula específica para mejorarla: «Es fundamental y no se trabaja mucho en infantil», cuenta.
Los niños se tienen que mover. Tienen que gatear, tirarse al suelo, reptar, jugar. Cuerpo y mente van unidas. Muchas guarderías han ido cambiando el enfoque, según confirma Maica Terés, una franquiciada de Chiquitín: «Ahora nos enseñan a que lo hagamos todo más lúdico. Que los niños aprendan lo que es dentro y fuera metiéndose en una caja y no con fichas. Que se llenen las manos de harina. De todas maneras, desde que los colegios han incorporado infantil, la presión es menor».
Ahora, la tensión es, en el mismo colegio, entre los maestros de infantil y de primaria: «A veces, los maestros de primaria prefieren que los niños lleguen aprendidos. Es más cómodo para ellos», dice Teresa Jiménez, madre de dos niños. «Una clase más homogénea es mejor para el profesor. Pero se están viendo problemas más adelante. Conviene explicar que no todos los niños son iguales. Los hay que a partir de los cuatro años piden saber lo que hay escrito y puede que a esos niños les venga bien aprender antes», puntualiza Tania Alonso.

ALERTA: EXAMEN
Para entrar en un colegio de élite en Gran Bretaña no cuenta cómo se juegue y sí el cómo se lea y se hagan operaciones básicas de cálculo. Según explica Patricia Castillo, 12 años viviendo allí, donde tuvo a sus trillizos, «para que el niño consiga la plaza en el examen competitivo de los siete años, que normalmente se hace cuando tiene seis años, lo tienes que empezar a preparar al menos con cinco años. Y eso es lo que a mí personalmente me parece una auténtica barbaridad».
La presión, cuenta Castillo, es absolutamente desproporcionada. «Los padres entienden que es más que un examen: es la puerta al buen colegio carísimo que después te asegura que tu hijo podrá entrar en una de las universidades top del mundo y tener un futuro prometedor. El problema es que esa responsabilidad inmensa la asume un micajo de 5 años. Es terrible. Y sí, se les exige que lean y tengan un nivel de matemáticas muy superior a su edad y madurez».
Opositores de cinco años. A eso no se ha llegado en España. «Pero pudiera pasar alguna vez, porque aquí somos especialistas en copiar lo peor», advierte el profesor de maristas. Tania Alonso tranquiliza y dice que el debate lo han ganado los que creen que los niños deben seguir siendo niños. Y eso implica aburrirse. Aburrirse para jugar.
Lo explica Bertrand Russell en su libro La Conquista de la Felicidad: «Un niño se desarrolla mejor cuando, como a una planta joven, se le deja sin molestar en el mismo suelo. Demasiados viajes, variedad de impresiones, no son buenas para los muy jóvenes porque luego crecerán sin ser capaces de aguantar la monotonía fructífera». Ahora sabemos que adelantar su lectura y escritura, tampoco.
EL MUNDO, Martes 26 de enero de 2016

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