GUILLERMO CID
Higiénicas, quirúrgicas, FFP... Estos
términos hace dos meses no nos sonaban de casi nada a la mayor parte de los
ciudadanos, y menos si nos decían que esto tenía algo que ver con mascarillas.
Con la crisis del coronavirus, todos hemos tenido que hacer un curso a marchas
forzadas sobre características y uso de mascarillas y respiradores, pero
incluso con este curso y la atención puesta, no todo está tan claro como
parece. Con la demanda disparada y los vendedores buscando
suministros por todas partes, cada vez más clientes y expertos denuncian la
venta de mascarillas falsas o al menos que no cuentan con las certificaciones y
características que marca la normativa. Pero ¿cómo sabemos si las nuestras
cumplen?
Desde el principio de la crisis, hemos visto cómo todo tipo de entidades públicas, desde el Gobierno central a los autonómicos, se han visto salpicadas por polémicas al dar al personal sanitario equipos de protección que no cumplían con las características necesarias y han tenido que retirar dichas partidas, pero el problema no se queda en la Administración Pública. Como explican fuentes conocedoras del sector y asociaciones como la Asociación de Empresas de Equipos de Protección Individual (Asepal) a Teknautas, son muchísimos los casos denunciados por usuarios que aseguran haber comprado mascarillas falsas en tiendas y farmacias y que, tras ser consultados los detalles, se confirma este hecho. Ya sea por falta de certificación, de información o mal etiquetaje, los casos se multiplican sin parar.
Esto también se puede ver en redes como Twitter, donde perfiles como el de la farmacéutica Gemma del Caño o el de Desenmascarador Enmascarado reciben a diario decenas de consultas al respecto. Gente que adquiere en tiendas y farmacias productos que no cumplen con la normativa. Desde El Confidencial, nos hemos puesto en contacto con Cofares, una de las principales distribuidoras de material farmacéutico del país, para conocer hasta dónde llegaba este problema, pero en el momento de la publicación de este artículo no hemos recibido respuesta alguna. A la espera de la misma, aquí damos más detalles para entender el problema y evitar comprar mascarillas falsas o saber a lo que te arriesgas de hacerlo.
Antes de nada, eso sí, como
explicábamos en este artículo sobre las
mascarillas repartidas por la Comunidad de Madrid y que son
un ejemplo perfecto de este problema, debemos saber que encontrarse con
productos de este tipo que no cumplan la normativa no significa necesariamente
que la mascarilla que compramos no proteja, pero sí que debemos estar muy
atentos. Y, como apuntan los expertos, hacer especial hincapié en el
resto de medidas de prevención para evitar contagiar o ser
contagiados.
Líos entre mascarillas
y un mercado loco
En este punto, lo primero es tener claro
el tipo de mascarillas que existen. Desde el comienzo de la crisis, el lío de
las mascarillas ha sido algo de lo más recurrente. Las propias instituciones
han ido dando tumbos y pasando de decir que no son necesarias a obligarlas en
determinadas situaciones y a recomendar su uso. Eso ha hecho que muchos tuviesen que hacer un curso demasiado acelerado sobre
estos productos y es muy posible que hasta tú te hayas quedado con una idea no
demasiado clara de qué son y para qué sirve cada una de las mascarillas.
Sanidad lanzó hasta una guía muy visual para
intentar explicarlo mejor, pero entidades como Asepal piden
hacer hincapié en más detalles para desenmarañar el lío formado.
Este tipo de guías sirven para conocer
los diferentes tipos de protecciones que existen pero, como explica Luis Gil,
secretario general de Asepal, también pueden simplificar demasiado el caso.
"Uno de los problemas mayores es que al llamar a todo mascarillas, las hemos clasificado todas como iguales y
hemos pensado simplemente que unas son mejores que otras, por lo que como yo
quiero lo mejor voy a por las FFP2 o FFP3, pero no es así", apunta Gil.
Este experto incide en las diferencias sustanciales entre las mascarillas
higiénicas, las quirúrgicas y las FFP, que aunque parezcan similares no lo son
y tienen diferencias clave para entender su venta, su producción y su uso.
"Debemos tener claro que las
quirúrgicas son producto sanitario y como tal se venden en farmacias y tienen
una normativa específica y muy restrictiva, las higiénicas son las artesanales
y tienen otra normativa distinta, y las FFP se consideran EPI, no
productos sanitarios sino productos relacionados con los riesgos laborales.
¿Qué quiere decir eso? Primero, que tienen una normativa y homologación propia,
y segundo, que están destinadas a un público diferente. No es que sean o no
mejores, es que cumplen con otros cometidos y por eso se destinan a otro tipo
de usuarios", detalla Gil.
Guía de Sanidad.
A lo que se refiere Gil es a que las
FFP, como ya dijeron varias entidades médicas y otros colectivos cuando la CAM
decidió repartir estas mascarillas entre el público general, no son necesarias ni están indicadas para la población en general.
Los FFP son respiradores pensados para trabajadores que por obligación están en
contacto estrecho con partículas, bacterias, polvo o virus en este caso y así
evitar el contagio, de ahí que haya algunas con válvula que impidan la entrada
de cualquier partícula pero sí permitan la salida. "El objetivo de llevar
mascarillas entre el público general no es tanto evitar ser contagiado sino no
contagiar, y eso se consigue con unas quirúrgicas o higiénicas".
Justo es aquí donde empiezan los líos
con las falsificaciones y fallos en homologaciones. Con un mercado destrozado
como el actual, todo el mundo intenta llenar almacenes buscando proveedores por
todas partes y, como cuentan fuentes del sector que prefieren permanecer en el
anonimato, un negocio como el de las FFP que siempre ha estado controlado por
pocos productores, en la mayoría europeos o americanos como 3M, deben explorar nuevos mercados como el chino. La
demanda existente y las medidas tomadas por los gobiernos para garantizar el
abastecimiento han hecho el resto para que las falsificaciones empiecen a
aparecer sin parar. Y algo parecido ocurre con el resto de tipos.
Cómo saber si la tuya
es falsa
Vale, sabiendo esto, ¿cómo podemos saber si las nuestras cumplen, o al menos conocer a
qué nos enfrentamos? Pues la clave está en mirar etiquetados y
pedir siempre certificados y homologaciones. Al menos, así lo explican expertos
como Gil o Del Caño. Para que sea más sencillo, aquí van modelo a modelo.
Higiénicas
Es muy difícil que sean falsas, ya que no necesitan de homologación ni características específicas. Es cierto que debemos fijarnos en la calidad del tejido y cuantas más garantías nos den mejor para todos, pero no corres el riesgo de enfrentarte a un problema que no esperabas. No te fíes, eso sí, de los que dicen que son higiénicas pero con tejido FFP2 o que dan garantía FFP2 pero no están homologadas, pues eso no existe. FFP2 no es un tejido o un nivel de protección, es una homologación que incluye diferentes puntos, como el tipo de material, el etiquetado, la protección, el diseño o la propia homologación oficial.
Ejemplo de mascarilla
higiénica.
Quirúrgicas
El modelo más común. Como decimos, es un
producto sanitario, por lo que se vende en farmacias o centros
que cuenten con la licencia para productos sanitarios. Estos centros
deben garantizar que el producto cumple con toda la reglamentación al venderse
en muchos casos por unidades sueltas que no llevan toda la documentación. En la
caja, debe incluirse el marcado CE, dar el nombre del fabricante, el tipo de
mascarilla y la norma UNE EN 14683. Aunque durante esta crisis se ha autorizado
la venta de este producto sin marcado CE, deben cumplir el resto de requisitos,
y será la AEMPS la que garantizará que los cumplen.
Mascarillas quirúrgicas.
FFP
Son las más caras, complejas de fabricar
y por tanto las más falsificadas. Siguen una reglamentación muy especial basada
en los riesgos laborales y es fácil encontrar posibles
problemas en su etiquetado. Vamos a verlo con detalle.
Se rigen por el Reglamento UE 2016/425 y la norma EN149:2001+A1:2009. Deben cumplir con esta normativa e indicarla para poder garantizar su autenticidad, además, deben contar con el visto bueno de un análisis realizado por un organismo notificado de la UE. En España hay varios, y esta homologación es uno de los aspectos más falsificados por los vendedores que no cuentan con la certificación.
En cuanto a lo que tienen que incluir en el producto, hay numerosos aspectos. Debe aparecer el nombre de la empresa o el modelo del respirador, el marcado CE (salvo que cumpla con alguna de las excepciones concretas recogidas en este BOE del 23 de abril) y los cuatro números del organismo notificado que se colocan junto al CE. Es cierto que con la crisis han empezado a aparecer otras mascarillas con denominación equivalente, pero hay que tener cuidado con ellas. Podemos encontrarnos con mascarillas como las KN95, NIOSH N95, pero una señal de que son falsas es que vengan con doble etiquetado como FFP2 y KN95 o doble reglamentación.
Por último, hay que estar atentos a dos
detalles importantes. Si dicen que la mascarilla es lavable, tiene que ser
necesariamente de tela, el resto de tejidos no aguantan el mojado, pues pierden
sus características de filtrado y se deterioran. Si dicen que es reutilizable pero no viene una R junto al FFP, no
es reutilizable. La mayoría de las mascarillas reutilizables son una
estructura de plástico a la que se le van cambiando los filtros homologados.
EL CONFIDENCIAL, Lunes 18 de mayo de 2020
Imágenes: El Confidencial
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