MAYTE RIUS
A medida que avanzan las fases de desescalada vamos saliendo del
confinamiento, recuperando rutinas y entrando en lo que ya se conoce como
“nueva normalidad”, una forma de vida condicionada por las medidas de
distanciamiento social para evitar el contagio de la Covid-19 y que suscita todo un cóctel de
emociones. Pero hay muchas personas, y sobre todo muchos niños, que
aún esperan reencontrarse con familiares de riesgo –por ejemplo sus abuelos–,
recuperar el ocio y los juegos con amigos, e incluso volver a clase. Anhelan
recuperar sus relaciones interpersonales tal y como las concebían hace
tres meses.
Sin embargo, en este tiempo hemos incorporado nuevos hábitos y nuevas
formas de relacionarnos que van desde la comunicación online hasta la
rutina de mantenernos separados, de no tocarnos ni besarnos para
saludarnos, e incluso de no ver las sonrisas que esconden las mascarillas.
Pero, ¿hasta qué punto pueden los niños aguantar estas medidas de
distanciamiento social? ¿Evitarán besos y abrazos? ¿Se acostumbrarán a
ello? ¿Y si en el futuro también los rechazan? ¿Serán más
fríos en sus relaciones? ¿Rechazarán el contacto físico y priorizarán
las relaciones online?
“Los niños son de goma, tienen una
gran capacidad de adaptación, así que se acostumbrarán; lo que no podemos saber
a ciencia cierta es qué consecuencias puede tener el confinamiento y esta nueva
realidad en ellos a medio y largo plazo; lo que está claro es que se están
acostumbrando a relacionarse a través de las pantallas y a estar todo el
día con el móvil, y el contacto físico con otras personas no se recuperará de
la noche a la mañana, para algunos va a ser complicado”, comenta Paula Mella,
psicóloga experta en terapia de familia de la plataforma ifeel.
La edad y la personalidad del niño influyen en cómo puede afectarles esta
nueva normalidad a medio plazo. “Entre los niños más pequeños, que se han
adaptado rápido a sus rutinas en casa, que han hecho de ella su búnker, es
probable que muchos se vuelvan más tímidos, les costará más ir al colegio
o a la guardería, les causará impresión la jungla que supone una clase con 20
niños”, dice Mella.
En los niños más mayores y en los adolescentes, el riesgo se deriva de que
se han acostumbrado a relacionarse a través de las
pantallas, a pasar muchas horas con ellas, y pueden perder
habilidades a la hora de relacionarse y de mantener un contacto
presencial, optar por una comunicación muy literal, con menos matices.
“Por ello, tanto en unos como en
otros hay que actuar y hay que incitar desde ya el contacto
físico para que no pierdan esa parte importante de la comunicación
presencial, del afecto y el cariño físico”, enfatiza Mella.
En esta línea, los psicólogos de ifeel –aplicación que ofrece terapia
online– mencionan algunas pautas con las que los padres pueden ayudar a que los
niños afronten mejor esta nueva normalidad sin besos ni abrazos para que las
normas de distanciamiento no pasen factura a su salud mental.
1. Una buena
explicación
“Los niños, como las personas adultas, siguen mejor las normas si
entienden el por qué”, subrayan desde ifeel. De modo que el primer paso es
explicarles tanto la transcendencia de mantener el distanciamiento social como
de recuperar las relaciones presenciales.
Es imprescindible sentarse con ellos y explicarles bien en qué consisten
los cambios de fase, qué se puede y no se puede hacer, por qué se evita el
contacto físico... Para ello es fundamental adaptar las explicaciones a la edad
del niño, asegurarse de usar un lenguaje que puedan entender bien y, si es
necesario, en especial con los más pequeños, apoyarse en cuentos, dibujos
o marionetas para que entiendan la necesidad del distanciamiento social.
Mella advierte que hay que cuidar el tono en que se explica para que no
resulte catastrofista, haciéndoles entender que es una situación temporal, que
no será así para siempre, y enfatizando la importancia que tiene el contacto
físico para las personas.
“A los más mayores hay que comentarles la importancia de ser prudentes
cuando se relacionen con otras personas, los peligros y las consecuencias de un
posible contagio, pero también explicarles la importancia que tiene salir
a la calle, contactar con otras personas y recuperar una vida lo más normal
posible, sobre todo en caso de niños un poco miedosos, que se muestran
reticentes a salir”, explica la experta en terapia de familia.
2. Más muestras de
cariño en casa
“Tener que mantener la distancia de puertas para fuera no implica que,
dentro de casa, con quienes se convive, no se puedan dar besos, achuchones o
abrazos”, recuerdan los psicólogos de ifeel. Y animan a suplir esa falta de
contacto fuera de casa con más muestras de cariño en el hogar.
“En un momento donde cada habitación
de la casa es multifunción (salones-despacho, cocinas-estudio,
dormitorio-cine…) es imprescindible encontrar momentos que antes eran
“normales” dentro de la rutina: un rato de cosquillas, un rato de hablar, de
juego…“, comentan.
La idea, reiteran, es reforzar el contacto entre personas, para lo que
animan a promover y preservar momentos y actividades sin pantallas cuando se
esté en casa. “Es fundamental que los niños no se acostumbren a estar siempre
relacionándose a través de pantallas, que sabemos que tienen peligro de
adicción a largo plazo”, indica Mella.
3. Buscar formas
divertidas de fomentar el distanciamiento social
Es complicado pedir a los niños que se mantengan distantes entre ellos, que
jueguen sin tocarse... Pero, dicen los psicólogos, sí podemos proporcionarles
juguetes o sugerirles entretenimientos y juegos que permitan una mayor
distancia, como por ejemplo, el escondite, juegos de adivinar películas, luchas
con espadas de juguete… Por contra, conviene evitar que realicen actividades
colectivas que les alteren mucho, o juegos en los que resulte más difícil
tenerlos “controlados”.
4. Darles mayor
autonomía
En el caso de los niños más mayores, tras semanas recluidos con los padres
en casa, es el momento de darles una mayor autonomía (enfatizando el respeto de
las normas y la higiene) y fomentar y facilitar las visitas en las casas o
en los parques para que mantengan el contacto presencial, físico, con
amigos. “Poco a poco debemos abandonar el excesivo uso que hemos hecho de las
pantallas durante el confinamiento y animarnos a retomar viejas costumbres
presenciales”, remarca Mella.
5. Estar atentos a las
consecuencias psicológicas
Es importante que los padres estén
atentos a los cambios de conducta o de estado de ánimo de los
niños para detectar posibles malestares emocionales o problemas futuros. Los
psicólogos de ifeel aseguran que las consecuencias psicológicas del
confinamiento y de esta “nueva normalidad” a medio o largo plazo son
impredecibles, pero es probable que, en las primeras fases y en los primeros
contactos, algunos niños muestren frialdad en las relaciones, prefieran
relacionarse a través de pantallas e incluso desarrollen dependencia a estas,
que tengan miedo a salir a la calle, estén más ansiosos...
“Los más caseros, con la monotonía
de no ver a los amigos y de no ir al colegio, pueden estar más tristones y
tender a la depresión; en cambio, los más activos, los que siempre quieren
hacer cosas distintas y tenían la ilusión de ir de campamento o hacer tal o
cual cosa en vacaciones, se mostrarán más ansiosos”, explica Mella.
Pero reitera que si por algo destacan los niños es por su gran capacidad de
adaptabilidad, así que lo más seguro es que su conducta y estado de ánimo se
vaya normalizando con el tiempo.
6. Restringir las
pantallas
El uso de las pantallas y de las redes sociales ha sido y es una
escapatoria y un alivio a corto plazo, tanto para niños como para mayores.
Pero, a medio y largo plazo, advierten los expertos, se puede volver en contra
dado que aumenta los niveles de ansiedad en los niños, altera al sistema
nervioso y puede desembocar en una adicción. Por ello consideran muy
importante regular el tiempo diario que
dedican a ello.
Esto es especialmente importante en el caso de los adolescentes, que
además han perdido la rutina de los estudios y han convertido las pantallas y
las comunicaciones digitales en el eje de su día a día. “Los chicos que antes
jugaban al fútbol en el patio se relacionaban con otros, si se tiraban o hacían
daño se pedían perdón... ahora han perdido esa interacción y juegan al Fifa en
la PlayStation, y eso es algo distinto, donde todo vale, se pierden las formas
con el rival, van a por todas...”, ejemplifica Mella, que reitera la
importancia de recuperar y fomentar el contacto presencial de estos
chavales con sus amigos.
LA VANGUARDIA, viernes 6 de junio de 2020
Imagen: La Vanguardia

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