JOSÉ PICHEL
“Tenemos pacientes ingresados que son
jóvenes y no tienen más factores de riesgo que la obesidad”. Así explica Iván
Moreno, médico especialista en medicina interna en un hospital valenciano, una
de las realidades que más preocupan a los especialistas en primera línea de
lucha contra el coronavirus. Desde el principio de la pandemia, las
estadísticas de covid-19 han destacado factores de riesgo como la diabetes, la
hipertensión o las enfermedades del corazón. Sin embargo, cada vez hay más
datos que permiten afirmar que sufrir obesidad, en sí mismo,
también predispone a tener mayores complicaciones, un hecho nada
desdeñable teniendo en cuenta que alrededor del 20% de los adultos
españoles tiene este problema.
La referencia para saber si una persona
sufre un exceso de peso es el índice de masa corporal (IMC, que asocia la masa
y la talla de un individuo). Según
la Organización Mundial de la Salud (OMS), una persona con un IMC igual o superior a 25 es considerada con
sobrepeso. Si llega a 30 o supera esta cantidad, ya sería obesa.
Así, con una altura de 1,75 metros, entraríamos en la categoría de sobrepeso a
partir de 77 kilos y en la de obesidad, a partir de 92, según la calculadora de la Sociedad
Española de Obesidad (SEEDO).
La Asociación Europea para el Estudio de
la Obesidad (EASO) advierte de que estas personas son “particularmente
vulnerables a los efectos del nuevo coronavirus, y parecen tener una mayor tasa de complicaciones graves por el virus”,
hasta tal punto que los expertos que la integran han elaborado un
documento en el que recomiendan que traten de evitar la
infección por todos los medios posibles y, por lo tanto, que “se refugien en
casa”, como otros colectivos de riesgo con enfermedades crónicas.
De hecho, ya hay varias publicaciones
científicas relevantes sobre esta cuestión. Por ejemplo, un estudio con más de
200 pacientes chinos de todas las edades publicado el pasado mes de abril en la
revista ‘Metabolism: Clinical and Experimental’
estimó que el riesgo de complicaciones es hasta seis
veces mayor si un paciente de covid-19 sufre obesidad.
Otro estudio francés publicado por ‘Obesity’ destacaba que
la relación entre exceso de peso y gravedad por covid-19 ocurre de una forma
progresiva: a mayor obesidad, más posibilidades de
complicaciones y de ingreso en la UCI. Dicho de otra forma: la
gravedad de la enfermedad aumenta a medida que se incrementa el IMC. Esta
investigación también incluye una conclusión significativa: la necesidad de
ventilación mecánica estaba muy vinculada a los pacientes con obesidad severa,
independientemente de que tuvieran otros factores de riesgo o no.
No obstante, el rey de la obesidad es
EEUU, y allí también comienzan a aparecer datos muy parecidos. En un reportaje publicado por 'The New York Times' sobre
esta cuestión, los especialistas se muestran muy preocupados por el impacto que
puede tener este factor. Hasta ahora, el covid-19 se ha cebado especialmente
con Nueva York, donde el porcentaje de obesos es menor que en otras zonas del
país, así que, ¿qué ocurrirá a medida que el virus avance, dado que un 42% de
los adultos estadounidenses son obesos? "Podemos ver a muchas más
personas jóvenes hospitalizadas", advertía Roy Gulick, jefe de
Enfermedades Infecciosas del centro Weill Cornell Medicine.
“En EEUU, ya se considera que los obesos extremos tienen un riesgo de complicación igual que el
de los sujetos mayores de 65 años, es decir, que equiparan obesidad
mórbida con ancianidad”, apunta Francisco Tinahones Madueño, director
científico del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) y
presidente de SEEDO. Sin llegar a ese extremo, en los hospitales españoles,
tanto la experiencia clínica como los datos publicados ya han alertado a los
expertos. “Desde nuestra sociedad científica, hemos puesto encima de la mesa
que hay que tener presente que la obesidad puede precipitar una enfermedad más
grave”, añade.
¿Es un factor
independiente?
No obstante, reconoce que la obesidad es
una patología muy compleja y está asociada con una serie de
enfermedades de forma muy estrecha. “Casi no habría diabetes tipo 2
si no hubiera obesidad. Además, los sujetos con obesidad también tienen
hipertensión y suelen sufrir apnea del sueño”, apunta. Por eso es difícil
discernir qué parte de este problema corresponde a la obesidad y qué parte a
las enfermedades asociadas que la acompañan, puesto que “también una diabetes
mal controlada se asocia a un peor pronóstico de covid-19”.
“Hay enfermedades que van agrupadas”,
señala Moreno, “por ejemplo, diabetes y obesidad”, hasta el punto de que ya se
habla entre los especialistas de 'diabesidad'. En este caso, para distinguir el
peso de cada patología, harían falta estudios multivariantes. Este tipo de
investigación “es estadísticamente más potente y permite deslindar el efecto
que una variante tiene sobre las otras”. No obstante, estas investigaciones
requieren un número de pacientes muy grande. “Hasta ahora, podemos decir que la
obesidad es un factor de riesgo, pero nos faltan datos para decir que
es un factor de riesgo independiente”, apunta.
En cualquier caso, los expertos
coinciden en que hay suficientes motivos para pensar que, efectivamente, es
así. “Podemos decir de forma tajante que el sujeto obeso tiene una mayor
predisposición a las complicaciones cuando padece el covid-19, así como una
mayor necesidad de ventilación mecánica y una mayor mortalidad”, asegura
Tinahones.
Cómo se explica
Existen numerosos motivos fisiológicos y
biológicos que podrían explicar el mayor riesgo de los pacientes obesos con
coronavirus. Uno de ellos tiene que ver con la menor función respiratoria
de estas personas. “La movilidad del diafragma se reduce y en
posición horizontal la capacidad pulmonar disminuye por la grasa abdominal.
Todo esto puede tener una influencia negativa en la evolución de estos casos”,
afirma el experto de la SEEDO. Desde su experiencia clínica, Moreno añade que,
una vez en la UCI, “el paciente obeso es más difícil de movilizar
y ventilar, y es más complicado poderle acoplar bien las mascarillas
con oxígeno”.
Por otra parte, hay mecanismos
moleculares que parecen clave a medida que van aumentando los conocimientos
sobre el covid-19. Los casos graves de esta enfermedad se relacionan con una
respuesta exagerada del sistema inmunitario que provoca una inflamación generalizada
y, en particular, de algunos órganos. Pues bien, “las personas obesas parten ya
de un estado de inflamación crónica que potencia esta situación
y contribuye al mal pronóstico”, indica Tinahones.
Asimismo, la incidencia del coronavirus
en el sistema cardiovascular también se está revelando como un factor
importante: la coagulación hace que aparezcan pequeños trombos y causa
complicaciones. Y precisamente “el sujeto obeso tiene una mayor
predisposición a la formación de trombos en venas y arterias”.
Otro mecanismo biológico podría estar
teniendo una influencia decisiva. El virus SARS-CoV-2 tiene una puerta de
entrada a las células, el receptor ACE-2, muy presente en el tejido pulmonar,
entre otros, pero que también está muy expresado en el tejido adiposo
o grasa corporal. “La persona con obesidad tiene una enorme cantidad
de tejido adiposo, así que se podría pensar que el virus entra con gran
facilidad”, apunta el experto.
Ese factor podría explicar otra de las
observaciones de los expertos: “El virus permanece más tiempo
en los pacientes obesos, cuando les hacen las pruebas tardan más en dar
negativo”. Una hipótesis es que el tejido adiposo podría estar
funcionando como un reservorio en el que se acumula el SARS-CoV-2, de manera
que estos enfermos no se pueden deshacer de él tan fácilmente.
Además, el exceso de grasa —en
particular, la grasa visceral, que se acumula en el abdomen y rodea los órganos
internos— provoca complicaciones relacionadas con casi
todo lo anterior. Por ejemplo, libera sustancias proinflamatorias
(que favorecen la inflamación) y que además pueden alterar la función de las
defensas que el sistema inmunitario envía a luchar contra el virus.
Antecedentes en otras
enfermedades
En general, los pacientes con síndrome
metabólico (grupo de trastornos que incluye la obesidad, la hipertensión, los
antecedentes de infarto y otros) “tienen más riesgo de lo que
esperábamos”, reconoce Moreno. Según explica este especialista, ante
una enfermedad respiratoria, en un primer momento cabía pensar que otro tipo de
pacientes acumulasen las mayores complicaciones, como los que sufren EPOC
(enfermedad pulmonar obstructiva crónica) o son fumadores, pero la realidad ha
sido mucho más compleja.
No obstante, también en la gripe común “está demostrado que los sujetos con
obesidad tienen más complicaciones pulmonares y mayor necesidad de ventilación
mecánica”, apunta el presidente de la SEEDO. Además, tras la
pandemia de gripe A de 2009, los estudios revelaron que la
población con obesidad tenía una peor respuesta y convivía más tiempo con el
virus.
Para el covid-19, también parece claro
que la obesidad es un factor de riesgo añadido. Aunque, en opinión del
especialista en medicina interna, no tiene tanto peso a la hora
de decidir el ingreso como la edad, se tiene muy en cuenta. “Te hace
vigilar al paciente más de cerca, pero no hay una escala que nos permita
ponderar cuántos puntos de gravedad suma, es un asunto complicado”, afirma.
EL CONFIDENCIAL, Lunes 11 de mayo de 2020

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